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Para el 2030, casi uno de cada dos adultos será obeso, y casi uno de cada cuatro tendrá obesidad mórbida.

El cambio climático no es el único evento que nos brinda proyecciones nefastas para la próxima década. Tan aterrador como el descongelamiento de los polos, desde una perspectiva tanto económica como de salud, es un aumento continuo previsto de la obesidad, incluida la obesidad mórbida, entre los adultos.

Un importante equipo de científicos médicos, respaldado por una nota del New York Times, ha proyectado que para el 2030, casi uno de cada dos adultos será obeso y casi uno de cada cuatro padecerá obesidad mórbida.

Del mismo modo, el equipo proyectó que, en muchos lugares geográficos, la prevalencia de obesidad severa será mayor que un adulto de cada cuatro.

Dado el papel que juega la obesidad en el fomento de muchas enfermedades crónicas, incapacitantes y a menudo fatales, estas son predicciones terribles. Sin embargo, al igual que con el cambio climático, no se está haciendo lo suficiente para evitar los resultados potencialmente desastrosos de la expansión de la obesidad, dicen los especialistas en obesidad.

Los esfuerzos bien intencionados, como limitar el acceso a refrescos con enormes porciones de azúcar son efectivamente frustrados por industrias capaces de reducir el impacto de los esfuerzos educativos de los departamentos de salud que tienen presupuestos minúsculos en comparación. Con raras excepciones, las industrias del azúcar y las bebidas han bloqueado casi todos los intentos de agregar impuestos especiales a las bebidas azucaradas.

Sin embargo, este tipo de cambios no son suficientes para hacer una diferencia significativa en el pronóstico de obesidad para la sociedad. Por el contrario, se necesitan cambios educacionales con respecto a los alimentos, ya que la tendencia actual ha fomentado un ascenso constante hacia un desastre de peso y salud. Como lo demostró claramente el nuevo informe, la sociedad no siempre fue tan gorda; Desde 1990, la prevalencia de obesidad se ha duplicado.

Las personas que eligen culpar a la genética eligen engañarse a sí mismas. Nuestra genética no ha cambiado en los últimos 30 años. Más bien, lo que ha cambiado es el entorno en el que ahora funcionan nuestros genes.

La comida rápida es muy barata y de muy fácil acceso. Comemos más, consumimos más alimentos con alto contenido de grasa, azúcar y sal, y el tamaño de nuestras porciones es mayor.

Ni siquiera se tiene que salir de casa para comer comida preparada en un restaurante, solo hay que llamar y la comida se entrega a domicilio. De hecho hay varias apps de celulares que entregan comida a tu puerta en minutos.

Como sociedad, también comemos más snacks, un hábito que comienza desde que los niños pequeños pueden alimentarse por si mismos.

La gente come bocadillos todo el día. Comer snacks es normal en estos puntos geográficos. En Francia, nunca se ve a nadie comiendo en un autobús.

También comemos más alimentos altamente procesados, que se ha demostrado que fomentan el aumento de peso, gracias a sus niveles generalmente altos de calorías, azúcar y grasa.

Un estudio reciente mostró que incluso cuando se come controlando el peso, consumir muchos alimentos procesados aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

A través del comercio y la publicidad, constantemente se nos venden alimentos que ni siquiera sabíamos que queríamos. Se trata de recompensas inmediatas. No estamos pensando en el futuro, por eso se proyecta a más de la mitad de la población obesa en 10 años.

A menos que se haga algo para revertir esta tendencia, la obesidad será la nueva normalidad. Vivimos en un ambiente obesogénico.

Si bien no hay una única acción que brinde solución al problema, es clave la limitación de bebidas azucaradas, porque son la mayor fuente de azúcar agregada en el dieta y están fuertemente vinculados al aumento de peso y problemas de salud. Cuando las personas beben sus calorías, no se sienten tan llenas como cuando consumen alimentos sólidos, por lo que terminan comiendo más.

Esto también aplica para las bebidas dulces sin calorías. Aunque aún no se conoce la causa, el vínculo entre el consumo de bebidas y una mayor ingesta de calorías también puede aplicarse a las bebidas con edulcorantes sin calorías o bajos en calorías.

Incitar a los restaurantes a reducir gradualmente la cantidad de grasa, azúcar y calorías en las comidas que sirven podría ayudar a frenar el aumento del peso en la sociedad. Los menús podrían tener comidas más saludables y bajas en calorías como opción predeterminada. Pero los restaurantes suelen tener porciones con más calorías y cantidad de la que deberíamos comer y muchas veces nosotros como consumidores exigimos platos con cantidades demasiado generosas de alimento, está en nosotros exigir algo distinto.

Controlar el tamaño de las porciones es otro paso muy importante. Las grandes porciones son especialmente motivadoras para las personas de bajos ingresos que razonablemente desean obtener más calorías por un bajo costo. Los grupos de ingresos bajos ya tienen las tasas más altas de obesidad y, según las nuevas proyecciones, son los grupos con mayor probabilidad de experimentar una prevalencia creciente de obesidad y obesidad mórbida.

Otro enfoque que podría revertir las crecientes proyecciones de obesidad podría ser limitar la ingesta de carne. Si sacamos carne de la dieta cotidiana, ayudaría tanto al medio ambiente como a la pérdida de peso.

La prevención es el camino a seguir. Los niños no nacen obesos, pero ya podemos ver un aumento de peso excesivo a partir de los 2 años. Se necesitan cambios en el entorno alimentario. Es difícil para las personas cambiar voluntariamente su comportamiento.

La educación en base a cómo alimentarse es clave y con tanta desinformación no siempre es fácil saber como manejarnos. Por eso en Alive te re-educamos para que puedas tener una alimentación saludable, sin padecer ni sufrir hambre, cambiando tu calidad de vida.

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